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junio 26, 2010

atrevimiento

Y aún me atrevo a amar
el sonido de la luz en una hora muerta,
el color del tiempo en un muro abandonado.

En mi mirada lo he perdido todo.
Es tan lejos pedir. Tan cerca saber que no hay

[Méndiga voz, Alejandra Pizarnik]




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junio 18, 2010

dos versos de un poema chino

Edgar Degas Danseuses

"El aroma de cabellos muy negros y muy finos "
en el peine, un perfume de ámbar y de tarde de tormenta,
la risa de una sirvienta, el ruido muy dulce de pies desnudos sobre la arena.
Fuera en el jardín un rumor de aguas vivas
y de pájaros que se bañan en el pilón de piedra.
Por qué en febrero gris cuando se derrite la nieve sucia,
la joven que se peinaba en Xian una mañana de verano
en el tiempo del último emperador de los Tang del Sur.
Por qué viene ella de repente a mezclar con la bruma de invierno
el murmullo del peine en sus cabellos sueltos,
un perfume de cabellos negros y finos,
el ruido apenas ruido de los sirvientes pies desnudos
caminando por las losas y por la arena del jardín
y el canto de una oropéndola muerta desde hace doce siglos
mezclada con el rumor de aguas que no se agotan jamás.
Todo porque un poeta chino enamorado de la joven
acaricia en dos versos sus cabellos sueltos
su lejano perfume de ámbar y de tarde de tormenta

Claude Roy
Dos versos de un poema chino
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mayo 12, 2010

dominando el silencio

 
Las fuerzas del lenguaje son las damas solitarias, desoladas, que cantan a través de mi voz que escucho a lo lejos. Y lejos, en la negra arena, yace una niña densa de música ancestral. ¿Dónde la verdadera muerte? He querido iluminarme a la luz de mi falta de luz. Los ramos se mueren en la memoria. La yacente anida en mí con su máscara de loba. La que no pudo más e imploró llamas y ardimos. Alejandra Pizarnik. Fragmentos para dominar el silencio

abril 25, 2010

perlas y collares


Les amoureux de la Bastille, 1957 © Willy Ronis

«Tú me dices que mi libro (La tentación de San Antonio) está lleno de perlas, pero las perlas no hacen el collar, es el hilo…»

[Correspondencia escogida de Gustave Flaubert, carta a Louise Collet]


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cita tomada del blog de la escritora Patricia de Souza palincestos

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abril 23, 2010

petit vampire va à l'ecole



«Les vampires sont libres comme l'air. Ils volent, peuvent se changer en rat, en loup, en chauve-souris, ils peuvent même mordre les filles jusqu'au sang sans que leur maman ne les gronde. Alors franchement, Petit Vampire, est-ce que tu n'as rien de mieux à faire que d'aller à l'école?»


«Los vampiros son libres como el aire. Ellos vuelan, pueden transformarse en una rata, un lobo, un murciélago, y pueden, también, morder a las chicas hasta sangrar sin que su madre los regañe. Entonces ¿de verdad, pequeño vampiro, no tiene usted nada mejor que hacer que ir a la escuela?»

Mucha libertad, mucho vuelo nocturno y mucho chupar sangre... pero con semejante parentela, uno entiende que petit vampire, a diferencia de otros infantes, prefiera ir a la escuela...



bande dessinée (BD ou bédé) de Joann Sfar petit vampire
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abril 18, 2010

el principito en bande dessinée


Gracias al trabajo de artista gráfico francés Joann Sfar, quien adaptó 'Le Petit Prince' d'Antoine de Saint-Exupéry a la versión bande dessinée, este bello y clásico libro podrá volver a disfrutarse en una forma un tanto diferente, aunque -según dicen los críticos- sin haber perdido un ápice de su espíritu humanista.

Dos años después de su publicación en Francia bajo el sello de Gallimard, la obra llega al idioma español, publicada por la editorial Salamandra de Barcelona.


Y aquí una vista a le petit monde de Joann Sfar 




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marzo 25, 2010

verdades, simulacros y finales

«El problema de hablar del fin (en particular del fin de la historia) es que uno debe hablar de lo que hay más allá del fin y también, al mismo tiempo, de la imposibilidad de finalizar»

«El simulacro no es lo que oculta la verdad.
Es la verdad la que oculta que no hay verdad.
El simulacro es verdadero»

Jean Baudrillard

enero 27, 2010

amores en claro



AMOR I  (Él)
A ella le gusta el amor. A mí no. A mí me gusta ella, incluido, claro está,
su gusto por el amor. Yo no le doy amor. Le doy pasión envuelta en palabras,
muchas palabras. Ella se engaña, cree que es amor y le gusta; ama al
impostor que hay en mí. Yo no la amo y no me engaño con apariencias, no la
amo a ella. Lo nuestro es algo muy corriente: dos que perseveran juntos por
obra de un sentimiento equívoco y de otro equivocado. Somos felices.

AMOR II (Ella)
Pretende que yo estoy enamorada del amor y que a él sólo le interesa el
sexo. Dejo que lo crea. Cuando su cuerpo me estremece, lo atribuye a sus
muchas palabras. Cuando mi cuerpo lo estremece, lo atribuye a su propio
ardor. Pero me ama. Y no lo saco de su engaño porque lo amo. Sé muy bien que
seremos felices lo que dure su fe en que no nos amamos.

[Raúl Brasca, escritor argentino]
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enero 06, 2010

camus, a cincuenta años de tu partida


"En los ríos, al norte del futuro,
tiro la red, que tú, indecisa,
llenas con sombras
escritas por las piedras"

Paul Celan

Así como soy capaz de los más impúdicos devaneos, por causa del endiabladamente seductor actor francés Thierry Neuvic, también puedo tener mis instantes de decencia. Sin una coma de más o de menos, dejo este artículo en el cual se recuerda el cincuenta aniversario de la muerte (absurda) de un enorme humanista y por casualdiad paisano de mi debilidad Neuvic, el filósofo Albert Camus.

Digno, libre, rebelde

Ateísmo y ética personal se conforman en Camus como las regiones más bellas y audaces del sujeto

 10:17  


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Digno, libre, rebelde
Digno, libre, rebelde
RICARDO MENÉNDEZ SALMÓN Para satisfacer una encuesta, el pasado año redacté una lista con mis escritores imprescindibles. En orden cronológico cité el siguiente once: Platón, Spinoza, Marx, Dostoievski, Proust, Kafka, Faulkner, Onetti, Camus, Bernhard y DeLillo. Esos nombres cifran otras tantas aventuras intelectuales de las que resulta imposible salir indemne. Aunque convocaría a ciertos suplentes de lujo (Stendhal, Nietzsche, Pessoa, Canetti, Beckett), me mantengo firme en mi elección. Con ese elenco iría hasta el fin del mundo.

No creo que la biblioteca esencial de cualquier lector, por voraz que su pasión sea, precise de un baúl para transportarse. En una de esas maletas que no es necesario facturar en los aeropuertos cabe la historia íntima del lector más culto del mundo. Con los años, de hecho, toda biblioteca que se precie adelgaza. Acumular títulos me parece prueba de escaso gusto. El verdadero conocedor, como el gran prosista, no acumula páginas, sino que se despoja de ellas. Quién sabe si el objeto último de toda biblioteca no es, en el fondo, poseer un único libro que cancele o contenga todos los demás. Ese libro, en mi caso, podría llevar la firma de Camus.

Desde la perspectiva de Sirio, medio siglo es un suspiro; desde la nuestra, tiempo suficiente para ponderar la estatura de una obra. Cuando Camus murió el 4 de enero de 1960 en el Facel Vega que conducía Michel Gallimard (nunca un editor le hizo tan flaco favor a la literatura) nació un mito. Cincuenta años después de su muerte el testamento vital y literario del creador de Rieux y Meursault permanece sin mácula. Y no sólo por la rotundidad de su escritura, cuyo caudal de verdad y belleza asfixia a tantas prosas banales que llegan del otro lado de los Pirineos, sino por su compromiso con el hombre concreto, no con esa pilastra abominable soñada por cierto humanismo, el nefasto Hombre, con mayúsculas, que tanto daño ha hecho en nombre de sus pretendidas bondades.

Todo lector que se precie posee su «amarcord», su tiempo de gracia, una estación iluminada. Ese umbral que, una vez cruzado, supone un punto de no retorno y acompaña para siempre a su protagonista, constituye un venero fecundo, inagotable para la emoción y la inteligencia, sobre todo, a medida que el tiempo dibuja su curva silenciosa pero implacable. Quizá toda tentativa de lectura no sea otra cosa que el regreso circular y constante a ese tiempo que, visto en perspectiva, adquiere un cariz augural. Camus, valedor de esta tesis, la ratificó en «El revés y el derecho» con su habitual elegancia: «Una obra de hombre no es otra cosa que una larga marcha para volver a encontrar, por los meandros del arte, las dos o tres grandes imágenes a las que el corazón se abrió por primera vez».

Como la mayoría de lectores, abordé a Camus a través de sus dos novelas más celebradas, «El extranjero» y «La peste», leídas en sucesivos veranos de mi adolescencia, asombrado por el objetivismo extenuante de la primera y por la angustiosa metáfora de la segunda, cautivado, en ambos casos, por una prosa que convertía la desnudez en el más bello ornamento. Sin embargo, el Camus que más amo, aquel que me sedujo sin remedio y para siempre, es el autor de «El hombre rebelde», volumen procedente de la biblioteca de mi abuelo y heredado por mi padre, editado por Losada, en Argentina, en 1953, en la extraordinaria traducción de Luis Echávarri, y que leí cuando comenzaba la carrera de Filosofía, allá en el umbral de mis dieciocho febreros, abrasado por una escritura que era como un traje en llamas.

Ese libro inagotable, en el que descubrí a los novelistas filósofos y a los asesinos delicados, y que me puso sobre la pista de lecturas como «Los demonios», «En busca del tiempo perdido» o «El castillo», me mostró que el compromiso y la responsabilidad están en nosotros, no en los discursos de los salvapatrias, en los bancos de las iglesias o en el esplendor de las academias. Gracias a «El hombre rebelde» soy ateo y, a la vez, sostengo que, precisamente porque Dios no existe, no todo está permitido. Ateísmo y ética personal se conforman en Camus como las regiones más bellas y audaces del sujeto, con su decisión de aceptar que la existencia carece de sentido pero que aun así merece ser vivida, con su sospecha de que estamos solos entre dos nadas pero que no por ello somos espíritus ciegos, abducidos por la estupidez, el mal o la sinrazón, sino que podemos (y debemos) dejar tras nosotros obras dignas, como la belleza de la literatura, la solidaridad con quienes sufren o el amor por los niños. Desconozco si abandoné aquel libro más sabio o feliz; sin duda, salí de él menos temeroso ante el reto de la existencia. «Nec metu nec spe»; sin miedo ni esperanza, a cambio de la conciencia del dolor que estar vivo provoca, «El hombre rebelde» me insinuó la posibilidad de construir mi propia vida sin apelar a una autoridad externa, capaz de premiar o castigar a capricho.

Es privilegio de unos pocos perdurar a través de su pensamiento, que es la forma más innegociable de libertad que existe. La obra de Camus, empeñada en construir un hombre en rebeldía con los miedos instituidos por la política y la religión, sobrevive en este tiempo confuso, violento y triste como una de las tierras más fértiles en las que crecer. Así, al comienzo de «El mito de Sísifo», su indagación sobre el suicidio como problema filosófico, el niño de Mondovi colocó como exordio una frase de la III Pítica de Píndaro. Esa breve admonición recoge, en su flaco enunciado, lo que Camus nos legó en sus libros y en su vida: una ética, una pedagogía y una estética. «Oh, alma mía, no aspires a la vida inmortal, pero agota el campo de lo posible».

Nadie en su sano juicio negará que esos versos enuncian uno de los más hermosos programas concebibles para una vida humana.
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Y por último algo de la voz de Camus:
«No soy de los que predican la virtud; demasiados la confunden con la debilidad. Si tuviera algún derecho, les predicaría más bien la pasión. Quisiera que no cediesen cuando se les diga que la inteligencia está siempre de más, cuando se les pretenda probar que es lícito mentir para triunfar más fácilmente. Quisiera que no cediesen ante la astucia, ni ante la violencia, ni ante la abulia. Entonces, el hombre volverá a sentir ese amor por el hombre sin el cual el mundo sólo sería una inmensa soledad» [Albert Camus, Conferencia Magistral ante estudiantes (1945)]

diciembre 11, 2009

pasiones desesperadas.. ¿hay de otras?

 
Tanto leer y contradecirme; pensarle, apasionarme y sufrirle... para venir a encontrar todo ese periplo, literario y vivencial, condesado en un par de citas robadas a un escritor húngaro, expatriado y suicidado. El Émile Michel Cioran del Danubio

"Porque la pasión no conoce el lenguaje de la razón, ni sus argumentos. Para una pasión, es completamente indiferente lo que reciba de la otra persona: quiere mostrarse por completo, quiere hacer valer su voluntad, incluso aunque no reciba a cambio más que sentimientos tiernos, buenos modales, amistad y paciencia"

"Todas las grandes pasiones son desesperadas: no tienen ninguna esperanza, porque en ese caso no serían pasiones, sino acuerdos, negocios razonables, comercio de insignificancias"
 [El último encuentro Sándor Márai]


http://www.actualitte.com/actualite/351-ecrivains-fumeur-photo-reconnaitre-cigarette.htm

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imagen René Creval, poeta francés, 1900-1935 

noviembre 07, 2009

quisiera dejarme llevar


Quien fuera la Storni; tan intensa y apasionada. Escribió con el alma, sin pensar en modas ni estilos poéticos reinantes. Amó con toda las vísceras; gozándolo y sufriéndolo a partes iguales. Y cuando decidió que ya no quería más vivir, se fue. Así, sin avisar ni tomar parecer de nadie... dejó atrás la tierra firme donde ya no se sentía segura, para adentrarse en  los misterios infinitos del mar... justo en el mar de mis sueños.



"Quisiera esta tarde divina de octubre
pasear por la orilla lejana del mar;
que la arena de oro, y las aguas verdes,
y los cielos puros me vieran pasar.

Ser alta, soberbia, perfecta, quisiera,
como una romana, para concordar
con las grandes olas, y las rocas muertas
y las anchas playas que ciñen el mar.
 
Con el paso lento, y los ojos fríos
y la boca muda, dejarme llevar;
ver cómo se rompen las olas azules
contra los granitos y no parpadear;
ver cómo las aves rapaces se comen
los peces pequeños y no despertar;
pensar que pudieran las frágiles barcas
hundirse en las aguas y no suspirar;
ver que se adelanta, la garganta al aire,
el hombre más bello, no desear amar...

Perder la mirada, distraídamente,
perderla y que nunca la vuelva a encontrar:
y, figura erguida, entre cielo y playa,
sentirme el olvido perenne del mar"
Dolor Alfonsina Storni

octubre 29, 2009

astérix le gaulois: felices cincuenta



asterix_12.jpg


Uderzo, uno de sus creadores, dice que Asterix representa "la resistencia, el coraje, la simplicidad, ¡y el reír!".

Cincuenta años resitiendo a los romanos. Bon anniversaire Astérix le Gaulois... y a seguirlos aporreando


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octubre 17, 2009

el universo del amor




"Reconozco que la razón se confunde frente al prodigio del amor, frente a esa extraña obsesión por la cual la carne, que tan poco nos preocupa cuando compone nuestro propio cuerpo, y que sólo nos mueve a lavarla, a alimentarla y llegado el caso, a evitar que sufra, puede llegar a inspirarnos un deseo tan apasionado de caricias, simplemente porque está animada por una individualidad diferente de la nuestra y porque presenta ciertos lineamientos de belleza sobre los cuales, por lo demás, los mejores jueces no se han puesto de acuerdo. Aquí la lógica humana se queda corta, como en las revelaciones de los Misterios. Y no se ha engañado la tradición popular que siempre vio en el amor una forma de iniciación, uno de los puntos de contacto de lo secreto y lo sagrado. La experiencia sensual se asemeja además de los Misterios en que la primera aproximación produce en el no iniciado el efecto de un rito más o menos aterrador, escandalosamente alejado de las funciones familiares del sueño, del beber y del comer, objeto de bromas, de vergüenza o de terror. Al igual que la danza de las ménades o el delirio de los coribantes, nuestro amor nos arrastra a un universo diferente"  Fragmento de Memorias de Adriano. Marguerite Yourcenar



Si la reencarnación existiera, me gustaría reencarnar en esta extraordinaria mujer. Total, si ya estoy soñando, ni modo que sueñe con ser alguien a quien no admire. Decía mi abuela que si de soñar se trata, uno tenía que hacerlo con mundos mejores, cosas grandes, seres admirables… que para soñar pequeñeces, ya con las de la vida real teníamos suficientes.



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octubre 14, 2009

verdades...


 "Sólo tenemos elección entre verdades irrespirables y supercherías saludables. Únicamente las verdades que no permiten vivir merecen el nombre de verdades. Superiores a las exigencias de lo vivo, no consienten en ser nuestras cómplices. Son verdades "inhumanas", verdades de vértigo que rechazamos porque nadie puede prescindir de apoyos disfrazados de eslóganes o de dioses. Lo que resulta desconsolador es ver que en cada época son los iconoclastas o los que pretenden serlo quienes suelen recurrir a las ficciones y a las mentiras"
Émile Michel Cioran.




Y entonces… ¿qué queda? Aceptación o evasión. Pero por cualquier alternativa que optemos, al final, antes o después, tendremos que enfrentar la verdad. Esa; la más amarga... la que no nos dejará vivir.

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septiembre 18, 2009

siempre empezó a llover




Siempre empezó a llover 
en la mitad de la película,
la flor que te llevé tenía
una araña esperando entre los pétalos.

Creo que lo sabías
y que favoreciste la desgracia.
Siempre olvidé el paraguas
antes de ir a buscarte,
el restaurante estaba lleno
y voceaban la guerra en las esquinas.

Fui una letra de tango
para tu indiferente melodía.




[Julio  Cortázar]

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Un día lluvioso, de Gustave Caillebotte


septiembre 11, 2009

sábelo de una vez


Quiero decirlo ahora
porque si no después las cosas se complican.
Soy peor todavía de lo que muchos creen.
Me gusta justamente el plato que otro come
aburro una tras otra mis camisas
me encantan los entierros y odio los recitales
duermo como una bestia
deseo que los muebles estén más de mil años
en el mismo lugar y aunque a escondidas uso tu cepillo de dientes
no quiero que te peines con mi peine
soy fuerte como un roble
pero me ando muriendo a cada rato
comprendo las cuestiones más difíciles y
no sé resolver lo que en verdad me importa.
Así puedo seguir hasta morirme:
ya ves soy lo que llaman
el clásico maníaco depresivo.
Te explico estas cuestiones
porque si todo vuelve a comenzar
no me hagas mucho caso acuérdate.




[José Agustín Goytosolo Si todo vuelve a comenzar]




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agosto 29, 2009

en palabars de otros: a qué sabe una mujer

A qué sabe una mujer
A limón. Así saben las gotitas de sudor que se quedan atoradas en la nuca. ¿Nunca las has probado? Son ricas. Lo primero que necesitas es acercarte a esa nuca que tanto deseas, acercarte con la lengua muy dispuesta a dejarse sorprender. Si tu eres de los que da por sabido todos los sabores, de esos gandayas que no se asombran por nada, entonces ni caso tiene que lo intentes, porque cuando esas gotitas hagan contacto con tu lengua no apreciarás el tesoro.
A mango verde. Tal vez sea de los sabores femeninos más característicos. Se localiza en el sexo de la mujer. Hay varios requisitos que contribuyen a que este sabor sea plenamente disfrutable: 1) que la mujer no se asee antes de la succión; si es de esas personas que han de bañarse previamente de cualquier acto amoroso, entonces aquel sexo sabrá a Dove, es decir tendrá un sabor asqueroso; 2) que quien paladee, sepa hacerlo; para esto, el éxito depende de la capacidad de proyección de la lengua, esto es de que ése órgano sea capaz de proyectarse hacia el fondo y hacia arriba, y de la posición; hay que buscar el ángulo ideal, que no resulte incomodo y que permita una absoluta libertad. Lo mejor es tirarse boca abajo, acercar la cara a la vulva y aventar la lengua tal como las víboras al momento de atacar.
A pasto ¿Quien no ha probado el pasto? Es un olor fuerte, que trastorna, porque ni más ni menos ahí está concentrado el sabor de la vida, aún en sus manifestaciones más intravenosas. Es un sabor fuerte, pero rico, tal cual el del pasto. Lo ideal para degustar ese sabor es fijar la nariz ahí mismo en el nacimiento del mechoncito, sacar la lengua y probar. Habrá mujeres que su sabor sea todavía más trepidante. No por eso se retire la boca abruptamente. Al contrario, hay que dejar que aquella esencia resbale por los labios hasta que se adhiera a la lengua. Entonces aglutinar saliva y hacer una especie de buche. Esto le quitara el habla a una mujer. ¿Tanto me amas?, preguntara a la primera y uno simplemente le dirá veme, recogiendo la babita.
A tequila. Ese es justamente el sabor del perineo, acaso la parte más sensible del cuerpo humano. Bendita sea la lengua que alcanza a llegar hasta esa zona -zona minada, habría de ser. Pocas mujeres resisten que las papilas gustativas se detengan ahí. Porque la sola sensación rebasa por mucho cualquier autocontrol. Si de por sí no es posible -ni mucho menos aconsejable- distraerse a la hora en que se hace el amor, mucho menos cuando la lengua roza parte tan sobrehumana. Es como si una descarga eléctrica recorriese todas las ramificaciones nerviosas y lo más bello es que el sabor del perineo se acerca notablemente al del tequila. Como si ambos proviniesen del mismo agave. Ese aroma del tequila que hace mover la cabeza de un lado para otro y cerrar los ojos como si se estuviera a punto de lanzar al cielo una plegaria, esa sensación es la misma cuando se ésta ante el perineo. Entonces lo siguiente es probar, sacar la lengua y probar. Exactamente como los niños, que prueban de todo, porque sus prejuicios no están suficientemente crecidos, así hay que ser para satisfacción de uno mismo y del otro. Dejar que la nariz haga lo suyo. Dejar que los dedos hagan lo suyo. Dejar que la boca haga lo suyo. Exactamente como el tequila el perineo exige su tiempo. Degustarlo constituye un ritual. Nadie llega a la primera, abre una botella de tequila, se la pone en la boca y escancia el líquido. Si alguien que no lo haya probado jamás hace esto, excuso contarles el resultado. Se va a atragantar y tal vez escupa el néctar. Por eso digo que el tequila es fuego de fuegos y para disfrutarlo hay que educar al gusto. Tal cual si estuviésemos ante un perineo, que para gozarlo hay que saber sus secretos, meterse de lleno en su esencia para finalmente sacarle todo el jugo posible. No se requiere maestría para esto solo experiencia.
A sandía con chile, limón y sal. Tal es el sabor de los pies femeninos. Sobre todo la pielecita entre los dedos. Para quien prefiere el sabor agridulce, de ese que produce pucheros y sacudidas, los pies corren el riesgo de constituirse en su platillo favorito. claro que hay riesgos si se decide gustar de ese sabor. El primero que no es posible dejar de probarlos. A partir de la primera vez que se les mete a la boca, crean una especie de adicción El segundo, que invite a un tercero al festín.
A pan de muerto. Es el sabor de las nalgas, con todo y la rayita que tienen en medio. Esta sensación proviene desde su apariencia. ¿A quién no se le antojan las nalgas? ¿a quién no se le antoja el pan de muerto? El volumen desproporcionado de las nalgas invita a pasar por ahí la lengua. Y lo fascinante es que no se acaban, no se desgastan, no se reblandecen. Las nalgas resisten todas las lengüetadas del mundo, incluso a doble ración: de a hombre por nalga (o de a mujer como se desee). Pero aquí urge hacer una precisión: no se está hablando únicamente del pan de muerto colmado e azúcar, sino del pan de muerto en general, pues sabido es que hay determinadas comunidades que no gustan de endulzarlo sino únicamente adornarlo de huesitos.
A coctel de frutas. Es el sabor de la boca de una mujer - de ahí la expresión "me encanta tu aliento afrutado". Y es cierto. Pocas cosas tan irresistibles del cuerpo de una mujer como su boca. Ignoro si tenga que ver en esto que a través de la boca la mujer se entrega o si es porque con la boca ensarta mediante el beso o simple y llanamente porque la boca en si misma es una especie de talismán y ejerce una suerte de embrujo en quien se la queda viendo; ignoro en efecto a que se debe la elocuencia de este órgano, pero lo que si se, como cualquier hombre con dos dedos de frente, es que la boca sabe a frutas. A ninguna en especial sino a la combinación de las frutas favoritas de cada quien.

Eusebio Ruvalcaba




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ADENDUM
Este NO Blog, este almacén-blogoteca, en un principio solo iba a contener mis relatos publicados originalmente en mi otroc (http://melange-marichuy.blogspot.com/); sin embargo, he decidido que como aquí nadie viene ni vendrá, podré permitirme el caprichito de enriquecerlo subiendo textos escritos por otros... que sí son escritores.